El poder en el PP enfila hacia el Reino de León

TERRITORIO CIDIANO

El peso del poder en el PP regional deja las montañas de Burgos, la Castilla gentil en que amaneció el castellano, y, al cabo de quince años, parece enfilar hacia el Reino de León, o sea, Antonio Silván (León), Fernando Martínez-Maíllo (Zamora) y Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca).

El PP de Castilla y León se enfrenta el 1 de abril a su congreso regional con la novedad inusitada de dos candidatos. Sobre este hecho, las crónicas relatan historias diversas que se nos antojan tan fantásticas como la leyenda del caballo y el azor de Fernán González.

El hecho de que dos aspirantes se disputen el cetro de Juan Vicente Herrera constituye la prueba evidente de que las aguas en el PP regional no bajan tan pandas como las pintan. Si hubiera unanimidad interna, sucedería como en Castilla-La Mancha, donde concurre una única lista, la de María Dolores de Cospedal.

Si en Castilla y León tenemos a Mañueco y Silván rivalizando por la presidencia del partido para los próximos cuatro años es porque las conversaciones de alto nivel mantenidas en los últimos tiempos entre Herrera y Rajoy en torno a la sucesión no han fructificado en un acuerdo satisfactorio para ambas partes. Y es esta discordancia la que ha propiciado dos candidatos: uno, cabeza visible del sector del partido nucleado en torno a Juan Vicente Herrera, y el otro, el preferido de Génova, 13 y del ahora todopoderoso Fernando Martínez-Maíllo.

Así pues, uno sospecha que en este asunto no se está contando toda la verdad, que las bonitas palabras de unos y otros son solo una “fermosa cobertura” de cara a la galería y no responden a la realidad interna: el desacuerdo palmario entre Herrera y Madrid en lo relativo a su sucesión al frente del partido, ay.

Da que pensar también que Herrera anunciara veinticuatro horas antes que no concurriría a la presidencia, una precipitación innecesaria y difícil de entender en un proceso de tanta importancia para el partido. Como si también en esto hubiera gato encerrado.

Aunque tanto Silván como Mañueco están llevando de momento la cosa con guante blanco, la confrontación parece inevitable. En un congreso en el que concurren dos bandos (se ha visto en Podemos y el PSOE) las heridas acabarán llegando se quiera o no. Al fin y al cabo, se trata básicamente de nombres para ocupar los puestos de poder en el partido, de manera que los intereses de unos y otros chocarán sin remedio.

La fórmula de elección de candidatos es, sin duda, un notable avance del PP en materia de democracia interna. El sistema de elección no permite aventurar quién será el ganador. De momento, de los 50.000 afiliados al PP en Castilla y León, tan solo 10.000 se hallaban el viernes al corriente de pago, requisito imprescindible para tener derecho al voto. Se podría hacer una estimación por provincias y la posición de sus respectivas direcciones provinciales, pero los datos podrían arrojar resultados engañosos. Por tanto, el ganador podría ser cualquiera de los dos.

A día de hoy lo único seguro es que, suceda lo que suceda, el Reino de León se convertirá en el nuevo centro de poder del PP regional. De Fernán González a Alfonso IX, de Lucas y Herrera a Fernández Mañueco y Silván. Demasiados intereses en juego como para que a muchos no les estén temblando estos días las canillas, ay.

 

No hay comentarios

Dejar respuesta