¿Demócratas?

El Estado Democrático y de Derecho se construye sobre el imperio de la Ley y la división de poderes en legislativo, ejecutivo y judicial. Las interferencias e imbricaciones entre ejecutivo –gobierno- y legislativo –cortes- son claras y derivan del nombramiento del ejecutivo que efectúa el legislativo y de ambos se cuelga –no pienses mal- la administración como gestora.

El judicial tiene, igualmente, la doble vertiente de poder, al que se le han derivado las mismas interferencias existentes entre legislativo y ejecutivo por mor del sistema de nombramiento del órgano de gobierno de los jueces, y una administración gestora.

El primer problema de un país no está en la gestión de la sanidad –importantísima-, ni en el gasto político –vital de reducir-, sino en la efectiva, eficiente y real división de los poderes, de forma que el órgano resolutivo de los conflictos entre todos parezca, sea y ejerza una independencia respecto de las partes, fueren cuales fueren esas partes. Es, por ello, básico, para poder vivir en democracia, no las algarabías de falaces demagogos, ni las bravatas de mindundis de tercera, ni siquiera sesudas disquisiciones sobre la forma de gobierno o desgobierno, sino un Poder Judicial libre, independiente y con recursos.

El Poder Judicial precisa cuatro reformas que nos permitan a todos confiar en él: La primera, su independencia absoluta de los otros poderes, con un sistema de designación de sus órganos democrático, interno y sin posible interferencia política. En segundo lugar, un órgano independiente, en su seno, al estilo del departamento de asuntos internos policiales que, de verdad, mantenga la limpieza de sus componentes.

En tercer lugar, unos recursos procesales que permitan revisar las resoluciones de los jueces para no convertirlos en diosecillos omnímodos sin sometimiento a la Ley a la que todos deben de estar subyugados. Y, finalmente, ya como simple administración, unos recursos económicos, humanos y técnicos suficientes que permitan la prestación de un servicio gratuito y de calidad, con la prestancia y donaire de un poder del Estado.

Sorprende que una de las tímidas reformas propuestas por Ciudadanos fuese el abordar, de forma timorata y miedosa, la reforma del órgano de gobierno del poder judicial y ya hay informaciones que ese mínimo avance lo han desechado como vital.

Duele ver cómo los artistas y miembros de la farándula, como prestadores de un servicio cultural, los veterinarios, como servidores de los ciudadanos con mascotas, impetren la rebaja del IVA y se le concedan o se piensen concederla, mientras para el acceso a la Justicia se puedan haber aplicado Tasas Judiciales, sin pudor y que muchos aún miran con intención de reiterar, y los servicios jurídicos imprescindibles para el acceso a la Justicia sigan con un gravamen impositivo brutal, que finalmente soporta el ciudadano perceptor de los mismos.

Una sociedad que considera más importante un perro, una película o una obra de arte, con todo el respeto a los perros y la cultura, que el respeto a las leyes, al ser humano, a su integridad, a sus derechos y libertades o el acceso de un ciudadano a la resolución pacífica de sus conflictos y a la administración de la Justicia, es una sociedad enferma, no democrática, y moralmente corrupta, con independencia de que, además, en ella existan o no chorizos, que siempre habrá.

Democracia no es votar, no es chillar, ni insultar, ni destruir, es crear, es respetar, es cumplir la Ley y cambiarla con procesos legales, y, sobre todo, es establecer controles en todos los ámbitos de poder que impidan el abuso, que faciliten la confianza y sirvan a los “perritos sin alma” que somos los ciudadanos, los contribuyentes, los votantes, tú y yo.

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