La caída de Sánchez y el negro futuro del PSOE

TERRITORIO CIDIANO


La anécdota es de sobra conocida. Al inicio de la primera sesión del Parlamento Inglés, un joven diputado se sentó junto al Primer Ministro Winston Churchill. Sumamente emocionado por la cercanía al jefe de su partido y del gobierno, el joven se dirigió a él diciéndole: “Señor, es un honor para mí estar sentado a su lado teniendo enfrente a nuestros enemigos”. A lo que Churchill le contestó: “No se equivoque joven. Ahí enfrente están nuestros adversarios, los enemigos los tenemos aquí, junto a nosotros”.

He aquí una de las grandes verdades de la política: los enemigos están dentro. Y siempre muy cerca del jefe, al que, más tarde o más temprano, acabarán traicionando. El motivo: la ambición de poder. Sobre esta máxima han advertido los teóricos de la estrategia política o militar de todos los tiempos como Maquiavelo o el general chino Sun Tzu. “La política es la guerra sin sangre; la guerra es la política con sangre”, dejó escrito este último en su obra El arte de la guerra.
Lo sucedido en el PSOE en esta última semana confirma este principio. Al margen de que unos u otros se opongan o no a facilitar un gobierno del PP y presidido por Mariano Rajoy, lo que subyace en esta disputa interna, no nos engañemos, es una lucha de poder por el control de la ‘marca’ PSOE. El asunto del apoyo a Rajoy ha sido la excusa, pero no la causa del cisma.
Y es que al día siguiente de que Pedro Sánchez fuera elegido secretario general comenzaron ya los movimientos para su derribo, particularmente auspiciados desde Andalucía. Sánchez fue una solución intermedia y momentánea para resolver las diferencias entre los ‘bandos’ de Zapatero y Felipe González. Pero enseguida empezó a estorbar a ambos, sobre todo porque tuvo la osadía de actuar por su cuenta, sin resignarse a ser hombre de paja de nadie.
Me recuerda esto a lo que hacía cierto personaje de Salamanca, en su día con cierta relevancia pública nacional. Formaba parte de un selecto club formado por distinguidos personajes de la ciudad. Era un club muy cerrado y sólo se podía formar parte de él si alguno de los miembros te proponía. El grupo decidía el acceso mediante el viejo sistema de elección de catedráticos en la Universidad: metiendo en una bolsa bolas blancas si era aceptado o negras si se rechazaba. Una sola bola negra bastaba para que fuera rechazado. Este personaje, digo, invitaba a alguien a formar parte del club y él mismo se ocupaba de meterle la bola negra en la bolsa, ay.
Así pues, en aquel momento del encumbramiento de Sánchez los ‘zapateros’, ‘madinas’ y ‘susanas’ de turno no actuaron con generosidad, sino con claros intereses personalistas. También es cierto que Pedro Sánchez no supo administrar su éxito con la sutileza y mano izquierda, nunca mejor dicho, que exige la política. El ejemplo más claro lo tenemos en Castilla y León, donde se fulminó a Julio Villarrubia con muy malas artes, promovidas por el actual portavoz de los socialistas en el Senado, Óscar López, antaño secretario regional del PSOE de Castilla y León, y uno de los hombres fuertes de Pedro Sánchez.
Un grave problema que ha tenido el PSOE de Sánchez es el del distanciamiento de la sociedad. Enrocándose en la militancia, con esa moda de las primarias, se ha alejado de los votantes, que deben ser el fin último de la acción política. El PSOE de Sánchez no ha hecho más que desangrarse en votos elección tras elección (en generales, autonómicas y municipales) y nadie ha asumido responsabilidades, nadie ha dimitido ni ha hecho autocrítica.
Al final, la clave para cualquier partido consiste en ganar elecciones, formar gobierno y poner en marcha la política que propone en su programa. Si no se ganan elecciones, como ha sido el caso de Sánchez, lo suyo es dimitir y dar paso a otro. Con absoluta naturalidad, sin traumas.
Una de las particularidades de la política española es que aquí nadie dimite, ni ‘hunos’ ni ‘hotros’. Los políticos en España se refugian en sus partidos, que son su cobijo, y no se produce la necesaria y sana renovación. Luego, cuando no se hacen los deberes a tiempo, pasa lo que pasa y nos asombra.
La fractura del PSOE es de enorme calado y no parece que por mucho zurcido, el arreglo sea posible. Y a río revuelto en el socialismo español, ganancia de Pablo Iglesias (?), el líder de Podemos, claro.

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