Con reprís o parado

Tras las elecciones vascas y gallegas, comienza el rito de la confusión en el que todos han ganado, todos tienen unos resultados aceptables, todos son fantásticos, pero hay una evidencia que no se puede esconder y es que el que pierde es por haber hecho algo mal. El que pierde de forma reiterada, tiene la obligación de asumir que se encuentran en el error, si no quieren acabar pagando cara su altanería y prepotencia.

Es evidente que quien tiene un proyecto ilusionante y asumible por todos los votantes, y no obtiene un resultado acorde al valor de ese proyecto, es debido a un error de comunicación, un error de planteamiento y/o un error de mensaje, pues si tu mensaje es bueno y no alcanza al votante, es evidente que el error es del emisor y/o de la forma de hacer llegar ese mensaje al receptor.

Si tras unas elecciones en las que el resultado no es aceptable no se toman medidas correctoras, es decir, no se hace un diagnóstico de la situación, se detectan los errores cometidos, se asumen responsabilidades y se corrigen los defectos, el problema se agrandará en el siguiente proceso, haciendo que, además, el hipotético elector te observe como aún más lejano y distante, con lo que el problema se agranda, de forma que, cuanto más se tarde en detectar el mismo y poner solución, mayor será la debacle del susodicho partido.

En un país en el que los asesinos obtienen más votos, representación y respeto del votante que aquellos que fueron sometidos a escarnio y secuestro, que se queda en la inexistencia política, es evidente que se tiene un problema moral; pero, también que los mensajes no llegan al ciudadano o lo hacen de forma excesivamente distorsionada, manipulada y cruel, que el emisor no quiere, no sabe, no puede transmitirlo y tiene un problema que tiene que resolver. Cuando el mensaje se defendía con solvencia, solidez, responsabilidad y era unívoco, llegó a la ciudadanía y caló el “espíritu de Ermua”. Cuando ese mensaje se oscurece, se radicaliza, carece de humildad, se pierde en el ruido mediático.

El PSOE tenía mejores resultados cuando defendía con claridad, sin dogmatismos, con coherencia y altura de miras, los principios nacionales, democráticos y de unidad que cuando se ha dedicado a reabrir heridas, levantar muros y distorsionar su discurso.

El que pierde tiene la obligación de asumir la derrota, depurar sus responsabilidades, diagnosticar el problema, aplicar medidas correctoras y volver a la lucha para obtener un resultado mejor, pero el “todo va bien” es una mirada al fracaso que se te avecina.

Si el que no obtiene un buen resultado es sincero con los electores, traslada con humildad su ánimo de mejorar, adopta medidas para ello y se pone a trabajar, por mal que se le pueda dar es seguro que el resultado mejor;, pero, si se pone a buscar culpables, a negar el desastre y a seguir en su modo de operar, irá de derrota en derrota hasta la catástrofe final.

Se puede pasar de 8 diputados a 200, con un trabajo bien hecho; pero, si tienes 200 y caes a 8, ten por seguro que algo estás haciendo rematadamente mal.

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