Los ‘amenes’ del actual panorama político

TERRITORIO CIDIANO

El panorama político español se halla en un momento crepuscular, como aquellos “amenes isabelinos” que tan magistralmente retrató Valle-Inclán. El sistema político del Ruedo Ibérico, o sea, el bipartidismo, que arrastramos desde el año 82, se tambalea en nuestros días. De ahí proceden todas las incertidumbres y todas las tensiones, no sólo la de si se formará o no gobierno, sino todo lo que acontece en los estratos inferiores, v.gr., en las autonomías, o en las estructuras nacionales, regionales y provinciales de los grandes partidos.

Estamos, sin duda, ante una ‘Segunda Transición’, aunque de naturaleza muy distinta a la que pilotó Adolfo Suárez a finales de los 70: la transición desde el sistema bipartidista y del turnismo, que ha imperado en España durante casi 40 años, a un escenario político heterogéneo, de mosaico, en el que las mayorías absolutas no serán ya más que lejanos espejismos. Han sido los propios partidos del bipartidismo, PP y PSOE, los que, por acción u omisión, junto a los efectos de la larga crisis económica, han propiciado este nuevo escenario político multicolor, que será el que veremos en los próximos diez o quince años.

Son patentes ya las consecuencias de este nuevo panorama no solo a nivel nacional, con el gobierno de las Españas varado en la nada y con la amenaza de unas terceras elecciones generales, también en las comunidades autónomas, como en Castilla y León, o en diputaciones y ayuntamientos, como la de Soria o los de León y Salamanca, entre otros muchos.

Las tensiones internas en los grandes partidos políticos crecen cada día debido a esta situación de incertidumbre. Tensiones internas que deberían haber resuelto los congresos nacionales, regionales y provinciales de cada formación política, pero que han sido pospuestos sine die por el presente precario y brumoso en el que nos hallamos en el ámbito nacional.

Y lo que es peor, sin demasiadas perspectivas. Porque lo más probable es que esas terceras elecciones generales en menos de un año nos dejen en el mismo lugar en el que estábamos, es decir, sin que ningún partido consiga escaños suficientes para poder hilvanar un mísero gobierno.

Las tensiones internas en los grandes partidos afloran también en Castilla y León. Se ha visto esta última semana con el denominado ‘caso Rosa Valdeón’. La ya exvicepresidenta de la Junta ha aireado el informe del atestado sobre su incidente de tráfico que ha presentado en el Juzgado de Toro la Guardia Civil. Dicho informe contiene una música distinta a la información exclusiva sobre el asunto que publicó en su momento el periódico La Opinión de Zamora y de la cual el resto de medios se hizo eco.

Eso hace pensar a dirigentes del PP que la filtración de incidente de tráfico, acaso incluso constitutiva de delito, tuvo lugar desde Zamora y, dada la divergencia con el informe presentado ahora, que se realizó con el ánimo de tumbar políticamente a Rosa Valdeón, mano derecha de Juan Vicente Herrera y presunta candidata a sucederle, e, indirectamente, para dejar noqueado al propio presidente de la Junta y de partido a nivel regional.

Las tensiones internas salpimentan también al PSOE de Castilla y León. El secretario regional, Luis Tudanca, avala al cien por cien la estrategia política nacional de Pedro Sánchez: ese ‘no’ rotundo a favorecer un gobierno de Mariano Rajoy. Pero no todos en el seno del PSCyL están de acuerdo con esa posición. En un partido además con muchas sensibilidades y con las heridas de la pugna interna con el sector del palentino Julio Villarrubia todavía sin cicatrizar del todo.

En síntesis, PP y PSOE discurren por derroteros parecidos: tensiones internas que solo se solventarán cuando se conozca el futuro final de sus respectivos líderes nacionales, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Mientras tantos, todos en tiempo de espera.

Claro que, suceda lo que suceda, todo parece indicar que las mayorías absolutas han concluido por una larga temporada y que se abre un tiempo nuevo en el que los partidos políticos estarán obligados a sentarse en la mesa para negociar gobiernos.

Y el “no es no, qué parte es la que no entiende, Sr. Rajoy” de Pedro Sánchez no tendrá cabida en este tiempo nuevo, ay.

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