Tápese Sr. Asirón

El alcalde pamplonés (de Bildu) no tiene empacho a presidir las corridas de San Fermín

Los de Bildu (coalición electoral de ideología independentista vasca que gobierna entre otros el consistorio pamplonica) no sienten vergüenza ajena por presidir las corridas de toros de la universal Pamplona. Es un rito que se celebra desde tiempos inmemoriales y además lo contempla el Reglamento Taurino de Navarra. Pero ello no es óbice para que el alcalde pamplonés ceda el bastón de mando ese día y se TAPE!!!!!

Pero no será así y repetirá como el pasado año, a pesar de la sonora pitada que le propinó buena parte del público asistente a la corrida del día del patrón. Será solo el día 7 de julio y luego le seguirán el resto de concejales según hemos leído en Cultoro. Están en su derecho y así lo harán, pero eso se llama hipocresía.

Son hipócritas porque hace dos legislaturas, los de Bildu, se cargaron la Semana Grande de San Sebastián (afortunadamente recuperada por la actual corporación), atacan sin piedad a otro bastión del Norte como es Bilbao y se quieren cargar Vitoria donde Bildu y otros partidos afines están en franca minoría. Por ello no es de recibo que instituciones políticas que odian la Fiesta a ultranza presidan los festejos, aunque tengan derecho a ello y estén en su ciudad.

Porque Pamplona es cosa muy seria en el aspecto taurino y ninguno de ellos se atreve, bajo ningún título, a prohibir la Fiesta en la bella capital navarra. No hay bemoles. Y si lo intentaran, tan siquiera pensarlo, serían corridos por la calle de la Estafeta y enchiquerados en los corrales para que no salieran jamás.

Plaza de toros de Pamplona
Plaza de toros de Pamplona

Acabamos de leer en El Mundo que el impacto económico que genera Pamplona durante los sanfermines asciende a 136.5 millones de euros y su capital se quintuplica durante los nueve días de fiestas. Pamplona es un hervidero de gente que acude de todos los lugares del mundo para festejar a San Fermín desde que Ernest Hemingway lo recogiera en sus crónicas periodísticas y en su novela conocida como “Fiesta”.

El escritor norteamericano visitó Pamplona por vez primera en 1923 repitiendo varias veces, la última en 1959. En esa época se codeaba con las figuras del toreo del momento como Antonio Ordóñez y su cuñado Luis Miguel Dominguín. Desde entonces los sanfermines se universalizaron.

La Fiesta en Pamplona es mucha fiesta y los políticos de turno ni se atreven a pensar la supresión porque Pamplona y su plaza son del pueblo. Y no es parodiar frases comunistas; el coso pamplonés es propiedad de la Casa de Misericordia que a su vez es gerenciada por el consistorio desde 1703. Son más de 300 años de historia de esta institución también conocida como “La Meca”.

En esta Casa siguen acogiendo a personas desfavorecidas bajo los principios de caridad y acogimiento, dando prioridad a los ancianos sin recursos ni familia, o en situación de exclusión. Por ello los pamploneses adoran a esta institución y cada año renuevan sus abonos hasta completar las casi 20.000 localidades de su plaza de toros; la cuarta plaza del Mundo tras México, Madrid y valencia (Venezuela). Conseguir una localidad suelta durante los sanfermines en Pamplona es una odisea.

Pero es que Pamplona ofrece un espectáculo auténtico en lo que se refiere a la presentación de sus toros y variedad en el abanico de diestros que cada año ofrece su cartelería. La flor de las camadas se reseñan para la Feria del Toro, como se conoce en el ámbito taurino, con un incremento dinerario importante para los ganaderos que se anuncian. Y para los toreros también ya que las primeras figuras tienen que anunciarse con toros en puntas y con ganaderías que en otras ferias rechazan. El atragantón de algunas figuras es de aúpa.

Por eso Pamplona, sus encierros, su Feria del Toro, sus gentes y su alegría contagiosa, persistirá otros 300 años al menos. Dará igual sea cual sea el color de los políticos. Aquí, en Pamplona, uno de los reductos importantes de la Fiesta, los ediles de Bildu tienen que hacer la parodia disfrazándose de frac y sombrero de copa para presidir el festejo del día, aunque no les guste. Eso se llama tragar sapos y culebras. Y si no ya saben: los corren a gorrazos por la calle de la Estafeta…. Menudos son los pamploneses cuando les tocan lo suyo.

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