Bipartidismo, pluripartidismo y bipolaridad

El trastorno bipolar se caracteriza por la alternancia de fases afectivas de tipo maniaco y depresivo, por la existencia de crisis que se radicalizan en un sentido eufórico o de hundimiento.

En el momento presente de la política nacional, e incluso internacional, se está caracterizando por el fin del bipartidismo como la aglutinación, en dos partidos, de los sectores más radicales y más moderados de las dos visiones de la política: la más estatalista y la más individualista, para con la diversidad partidaria bipolarizar la política radicalizándola y perdiendo la perspectiva democrática de esa diversidad.

Observa que, en estos días, se ha celebrado la fiesta del orgullo homosexual que, con independencia de que se esté o no de acuerdo con la misma, busca el fin de la discriminación y la libertad; pero, en esta ocasión, se ha producido una discriminación al impedir la asistencia a los miembros de un partido político concreto. Comprueba cómo en la fiesta de la diversidad sexual, en la que se supone se defiende la libertad, se ataca la religión católica por supuesta homofobia, por considerar al homosexual un individuo con una sexualidad anormal al que hay que querer, apoyar, ayudar y comprender; mientras que nada se dice del islamismo que considera al homosexual un sujeto depravado y delincuente que es colgado hasta morir.

Como en dicha fiesta, la política se ha radicalizado y en lugar de retomar la concordia y el diálogo de la transición, que buscó aglutinar las diferencias, asumir la desigualdad, buscar el consenso y la integración de las diversas fuerzas, desde el partido comunista hasta la más radical de las derechas, ahora se busca la criminalización, la discriminación, la vuelta de la tortilla, aceptando como plausible y progresista aquel que denigra al adversario, el que busca la confrontación, el que loa la violencia como instrumento político y defiende al asesino, al terrorista, al independentista, al violento, siempre que sea de un signo concreto pero, criminaliza, discrimina y vilipendia al que sólo defiende la libertad individual, la reducción política y, otras formas de hacer política, son desdeñadas como peligrosas y fascistas.

El problema no se encuentra en la diferencia política que en sí misma es enriquecedora, fortalecedora y sirve para hacer avanzar un país, ni se encuentra en la existencia de partidos que aglutinen los diversos sectores de un determinado planteamiento político, sino en que hemos radicalizado la vida social, política y económica hasta la crueldad más absoluta, manejando la realidad, con la demagogia más barata y ladina, generando un estado de opinión falaz que se sustenta sobre la imagen, la mentira y la mercadotecnia más manipulativa en beneficio de unos lobbys de nueva creación y de difícil calificación que no sea la inmoralidad.

El bipartidismo se demostró ineficaz contra la corrupción que se enredó en los dos partidos de forma destructiva; pero, cuidado con la bipolaridad que siempre ha generado violencia, discriminación y destrucción e intentemos construir desde el pluripartidismo estructuras de control y democracia que regeneren la sociedad, la economía y la política que es lo que necesita una sociedad en crisis para afrontar los retos que se nos avecinan.

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