El torito de la Vega, ay

TERRITORIO CIDIANO

Las elecciones generales inminentes lanzaban su sombra generosa sobre el hemiciclo de las Cortes cidianas, que entre ayer y hoy han celebrado un pleno maratoniano. Un intenso día y medio que ha penduleado entre una variedad desacostumbrada de asuntos. Como el Gran Capitán: entre preguntas, mociones, pnl e interpelaciones, cien millones.

Esta tarde, a un extremo de la tribuna de público, los mineros; al otro, partidarios enardecidos de la fiesta del Toro de la Vega de Tordesillas, que querían presenciar en directo cómo las Cortes de Castilla y León ‘alanceaban’ su tradición. El consejero de la Presidencia, defensor del decreto que prohíbe matar al toro de la Vega, sacó a relucir a Lorca, y a uno le campanillearon en la mente los versos: “Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos”, que a menudo se pone como ejemplo de metáfora aposicional.

Abajo, como esfinge imperturbable, la vicepresidenta de la Junta de Castilla y León, Rosa Valdeón, que solo dejó su escaño unos pocos minutos para tomarse el café que a lo largo de la mañana precisa cualquier cristiano. Parece que Rosa Valdeón ha cogido ya su sitio como vicepresidenta del gobierno regional y mantiene una observancia encomiable a fin de que no se le descarríe o desmande ninguna oveja en el rebaño popular, cuya custodia le ha encomendado Juan Vicente Herrera.

Saludamos al presidente por el pasillo poco antes de que ‘ingresara’ al hemiciclo:

-Después de casi treinta años en estos barullos, uno está ya hasta los mismísimos, con ganas de pillar la jubilación. No sé tú, pero yo lo tengo claro.

No era ninguna indirecta, pero el presidente prefirió la callada por respuesta y se deslizó raudo al encuentro parlamentario de taurinos y mineros.

El consejero de la Presidencia, José Antonio de Santiago-Juárez, argumentó con pericia el porqué del decreto de la Junta de Castilla y León que prohíbe aniquilar en público a un toro en cualquier festejo popular, v.gr., el del Toro la Vega. Es una tradición que corría el riesgo de desaparecer por el cambio de sensibilidad social y el decreto persigue no prohibirla, sino obligarla a que se renueve en las formas para que perdure.

El peto de los caballos de picar

Puso un buen ejemplo: el del peto de los caballos de picar, obligatorio al parecer desde la Dictadura de Primo de Rivera. Antes de esta fecha, los caballos de picar salían al ruedo sin protección alguna y era habitual a lo largo de una corrida ver a diez o doce caballos destripados en el albero. Según De Santiago-Juárez, sin la norma del peto, muy polémica en su momento, tal vez las corridas de toros habrían desaparecido, porque la sensibilidad social cambió y se opuso a la carnicería equina. Así, la nueva norma consiguió que las corridas de toros hayan perdurado hasta nuestros días.

De Santiago fue más allá. Influenciado, como todos, por el horizonte electoral, añadió que tendría que haber sido el Ayuntamiento de Tordesillas, de signo socialista, el que hubiera modificado la ordenanza del Toro de la Vega. Pero como no lo hizo, obligó a intervenir a la Junta, dada la polémica que ha cosechado esta fiesta, a nivel nacional e incluso internacional.

El PSOE, partidario del decreto de la Junta, tenía no obstante que escenificar algún desacuerdo para salvar la cara al alcalde de Tordesillas, socialista. Votaron a favor, pero criticando las formas  autoritarias de la Junta, en particular que no se hubiera pedido opinión a los ciudadanos de Tordesillas.

Ciudadanos hizo algo parecido, aunque absteniéndose. En vez de entrar a debatir sobre la conveniencia o no de esta modificación sustancial de la fiesta tordesillana, su portavoz, Luis Fuentes, se embarcó en una serie de digresiones sobre la oportunidad de tratar un asunto como éste justo en este momento preelectoral.

Acaso la intervención más desafortunada fue la de la procuradora zamorana de Podemos María Josefa Rodríguez Tobal. Podría haberse ahorrado sus duras descalificaciones hacia la fiesta del Toro de la Vega, fiesta sanguinaria que nos retrotrae a la oscuridad medieval, bla, bla, bla, porque sus gruesos epítetos podían herir la sensibilidad de muchos tordesillanos y aficionados a los festejos taurinos populares.

Bastaría con que hubiera dicho que su grupo estaba a favor del decreto de la Junta porque éste era más acorde con los puntos de vista mayoritarios de la sociedad actual. Porque lo importante era el fondo, es decir, la supresión del espectáculo de caballos, lanzas y sangre del toro entre los pinares. Así pues, la forma abultada de Rodríguez Tobal fue a la postre un alanceamiento dialéctico provocador e innecesario.

Bastante más inteligencia política demostró el procurador de IU, José Martínez Sarrión, quien mostró su oposición al Toro de la Vega pero sin cargar las tintas, manifestando de paso su interés porque se prohíba cualquier otra forma de maltrato animal.

En cuanto a la minería, ese plan urgente de reindustrialización de las comarcas mineras que se plantea ahora de forma inopinada, llevamos demasiados años escuchando cantilenas, muchas de las cuales han florecido en momentos preelectorales como estos.

Conque, por el olivar volvían, bronce y sueño, los mineros, ay.

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