Puñetas en las togas

Nadie discutirá que una de las variables fundamentales para la medición de la calidad de la democracia es la independencia judicial, como argumento básico y pilar de la separación de poderes y del Estado de Derecho en el que nos movemos, así como garantía de la libertad de los ciudadanos.

Es cuestión poco discutible que, desde los albores de la democracia del 78 en España, en lugar de profundizar en la independencia judicial, en la concesión de más y mayores recursos –económicos y procesales- a la administración de Justicia, y más y mayores facultades y distancias al Poder Judicial respecto del resto, hemos embarrado a este último, con las tierras del camino, y pauperizado a su administración.

Ahora que algunos desean aparecer como hidalgos caballeros de la pureza democrática, en lugar de mirar sus rostros, su imagen pública, lo que nos digan, hagamos un esfuerzo y busquemos sus propuestas para la Administración de Justicia y comprobemos si desean distanciar los poderes y aumentar el control jurisdiccional o buscan penetrar en él para hacerlo propio.

Cuántos proponen que la Administración de Justicia dependa del Consejo General del Poder Judicial y este se conforme por personas de la Administración de Justicia (jueces, fiscales, secretarios, funcionarios, letrados, procuradores, etc.) elegidos por ellos y de entre ellos, sin intervención política.

Cuántos proponen que el Tribunal Supremo aumente sus facultades de revisión de Sentencia y que sirva de unificador de los criterios de los Tribunales Superiores de Justicia de las Autonomías, así como que las Sentencias de todos los tribunales sean recurribles y controladas por sus superiores. A mayor control, mayor calidad, mayor seguridad y mayor confianza en la Justicia.

Cuántos piden que los Jueces, como los militares, no puedan ejercer cargos políticos sin perder su plaza. Cuántos prohíben que los jueces puedan suspender juicio por irse a dar una conferencia en este u otro lugar.

Cuántos prohíben que los Jueces ejerzan otro cargo o actividad que, de algún modo, pueda retrasar sus labores como Juez. Cuántos exigen la dedicación exclusiva de los Jueces, el incremento de plazas, bien formadas, para ser Juez y una remuneración acorde a todas esas exigencias.

Cuántos proponen que los jueces te juzguen sin mirar el color político, religión, posición personal, raza o sexo y lo hagan aplicando la Ley con independencia de su propio credo, color, planteamiento político, sexo o posición.

Pues bien, desgraciadamente, en lugar de empoderar a la Justicia, conseguir que sea más independiente, incrementar su prestigio y su valor, están todos corriendo por entre las Salas de Togas buscando quien se presente con ellos, para cuando lo traicionen volver a impartir Justicia en otra puerta giratoria más.

Siguen igual, si no peor, y nos toman por tontos.

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