¿Quién eres?

En el centro derecha, todos aquellos que no somos socialdemócratas o de izquierda, tenemos varios problemas para alcanzar al ciudadano que no está especialmente interesado en la política, pero al que le afecta esta de forma inexorable.

El primero de ellos, que somos capaces de conocer nuestros problemas, transmitirlos a los demás, reconocerlos públicamente y seguir incurriendo en ellos.

Somos tan chovinistas que nos envolvemos en el himno, la bandera y los emblemas patrios sin ser conscientes de que la legítima defensa de los mismos puede ser perjudicada o servir de rechazo a los que con igual valor, pero desde diferente planteamiento político lo contemplan, en la medida que nos apropiamos de ellos. Usar nuestros símbolos, Si; pero, mesuradamente, y con el debido respeto, y no en cualquier momento

Nos empeñamos en librar al mundo de todos los males y nos olvidamos de que lo primero es ofertar soluciones al compañero, al vecino, al ciudadano que los que tienen al lado y nos necesita, independientemente de su credo, ideología o planteamiento social.

Nos preocupa el progreso social, el avance y rearme moral y aplicar criterios de solidaridad en una sociedad desigual, pues ello no es propiedad de la izquierda que, cuando alardea de ello, nos quedamos callados, como pidiendo perdón. Y no, rotundamente no. Somos tan solidarios, progresistas y sociales como la izquierda, con otra oferta, con otra forma de hacer las cosas, pero tanto o más que ellos.

Cuando hablamos de reducir los impuestos o dar libertad al ciudadano para que invierta su dinero, o reducir el gasto público, no somos capaces de explicar que con ello pretendemos que cada uno gaste lo que tiene y que nadie le meta la mano en el bolsillo del otro; pero, cuando la izquierda nos dice que defendemos al rico, se nos queda cara de tontos y nadie les contesta que no es cierto, que el dinero de cada uno debe de ser de cada uno y que ellos son los que quieren que el dinero de cada uno sea de ellos, no de todos, sino de ellos, para actuar como les plazca. Pues no, la libertad está por encima de la decisión de un político de izquierdas.

Cuando la izquierda se arroga la voluntad de diálogo, de negociación, de pacto, los de la derecha ponen cara de póquer y no se atreven a decirles que eso no es una cuestión de posición política, sino de cada persona, que el famoso talante no depende del color y que esas actitudes no pueden ser nunca cesión en lo fundamental, no pueden poner en riesgo el campo de juego que debe de ser asumido por los jugadores y quedarse fuera de él aquellos que, con su actitud, su planteamiento o su voluntad, no quieran jugar, sin miedos, sin complejos y sea quien sea el que queda fuera.

Cuando la izquierda habla de libertad oculta, que ellos dicen cuál es tu libertad, manipulan los controles y desmontan el estado democrático y cuando la derecha mantiene silencio, no actúa, se acompleja, lo que sucede es que actúa como la izquierda y se mimetiza con el entorno. Ese es el algodón que no engaña. Cómo se actúa, no las siglas tras las que buscas el engaño.

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