Iluso

Estamos ante los últimos minutos para evitar las elecciones. Para unos, el tiempo comenzó al día siguiente de la confrontación electoral; para otros, un poco más tarde y, para alguno de nosotros, el tiempo finaliza el martes 26; pero, en cualquier caso, el plazo del pacto, de la negociación, de la cintura, finaliza.

Todos nos engañaron y seguro que si hay nuevas elecciones nos engañarán con el “yo no puedo pactar con…” Para, cuando vuelvan los números a imponer su cruda realidad, volver a retorcer el diccionario para decir Diego donde dije Digo.

La política, en democracia, debe de ser respeto al disidente, negociación, pacto, diálogo y, sobre todo, servicio al interés general y respeto al votante. Cuando no existe respeto al adversario, estamos ante el totalitarismo; si no somos capaces del diálogo, estamos ante la imposición y, si no respetamos al votante, estamos ante la dictadura. A estos ingredientes, el demócrata debe de añadir la implementación de controles al poder y el respeto a la división de poderes como instrumento extremo del sometimiento de todos a la Ley.

Alguno, incluso estudiosos de la Ciencia Política, piensa que la política es el juego de la mentira y del maquiavelismo en interés propio y por culpa de estos, así nos va.

Resulta penoso tener que recordar estas líneas rojas de la democracia, del Estado de Derecho y de la política del progreso (diferenciar de la denominada política progresista); pero, por culpa de la degradación paulatina de la política y del provecho de algunos, del sufrimiento de los ciudadanos, estamos perdiendo el norte y rompiendo los diques que nos separan del totalitarismo, de la dictadura, del nazismo o del leninismo, es decir, de la imposición violenta de la idea frente al respeto y la dignidad humana.

Si volvemos al debate electoral, espero que todos reconozcan sus limitaciones, sus incapacidades y sus futuros pactos, sus intereses, y no nos vuelvan a mentir a los “perritos sin alma” para que, cuando votemos, no nos puedan engañar y no nos podamos sentir engañados. Que el que quiera separatismo lo diga, que el que esté dispuesto a pactar que lo diga, que el que quiera rupturismo que lo explique y nos aporte las consecuencias.

Espero que todos, que seguro tienen buenas intenciones, nos las digan de frente, por las claras, con luz y taquígrafos, para que podamos decidir, sopesar lo hecho, mesurar lo no realizado y conocer lo que desean hacer, cuáles son sus proyectos de verdad.

 

 

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