Tarde de toros

Escribano indulta un toro de Victorino.

Tarde de Toros fue una película interpretada por Domingo Ortega, Antonio Bienvenida y Mario Clavel en la década de los 50; un film de Ladislao Vajda que siempre conviene repasar para recordar el buen toreo. Aquella obra fue un drama, pero lo vivido en la tarde del miércoles en la Real Maestranza de Sevilla ha sido un auténtico respaldo a la Fiesta en unos momentos que el toreo lo necesita para seguir disfrutando de su belleza y para acallar bocas…

A lo largo de mi afición he visto indultar a algunos toros en vivo y en directo, muy pocos porque es muy difícil llegar en el momento exacto y preciso. Esta tarde en la Maestranza sevillana, a través de la pequeña pantalla, he podido disfrutar, como nunca lo había hecho, viendo indultar a Cobradiezmos, un gran toro de Victorino Martín cuyo hijo del mismo nombre disfrutaba en la barrera maestrante junto a su hija, también facultativa de veterinaria; ambos sonreían en complicidad, con esa sonrisa de satisfacción y gozo que sale del alma cuando te tocan la fibra sensible.

No era para menos; Manuel Escribano, un maduro torero sevillano que de novillero prometía triunfos y que ha resurgido de sus cenizas tras varios años de ostracismo, bordó el toreo con un toro auténticamente bravo. No es fácil torear a un animal bravo y encastado como fue Cobradiezmos. Lo decía Belmonte a un incipiente novillero que fue a pedirle consejo: procura que no te salga un toro bravo, le dijo el Pasmo de Triana.

 

El toro indultado de Victorino. (Foto: Empresa Pagés).
El toro indultado de Victorino. (Foto: Empresa Pagés).

No todos los coletudos tienen disposición para aguantar las incansables y repetidas embestidas, con el morro por la arena, de un toro bravo. Además, Cobradiezmos, tuvo una eterna duración que es lo que los ganaderos desean de sus productos. Otra de las virtudes que tuvo este toro fue una nobleza exquisita; rara avis en un Victorino que suelen ser duros y difíciles en la lidia (alimañas les dicen algunos críticos); sólo diestros avezados han logrado triunfos importantes con los toros del gran ganadero que es Victorino Martín.

Pero en Sevilla fue un auténtico regalo lo que ofreció el Paleto de Galapagar que a sus 86 años estaría disfrutando desde su finca cacereña de Las Tiesas a través del Plus Toros. Bajito, armónico, bien hecho. Un tacazo de toro como dicen los taurinos. Mi paisano Manuel Caballero (se encerró con seis victorinos en Las Ventas), que retransmitía junto al incombustible Manolo Molés, lo vaticinó de salida: “Se mueve, Manolo, y humilla con el morro por el suelo”. Y así fue de salida en las verónicas que le instrumentó Escribano; se arrancó al caballo por dos veces con inusitada alegría y un galope continuado en el tercio de rehiletes.

Y en la muleta ya se lo hemos contado: incansable y por abajo en las repetidas embestidas por ambos pitones sin hacer nada que pudiera molestar al torero que entendió a la perfección a su oponente. El toreo soñado de Escribano y el toro soñado por cualquier ganadero.

El final apoteósico se veía venir cuando parte del público comenzó a sacar sus pañuelos pidiendo el indulto de Cobradiezmos; el usía al teléfono consultando al delegado del callejón para que Victorino hijo diera su aprobación (prewceptivo) y mientras Escribano recreándose en la suerte con pases y pases al buen toro hasta que el usía sacó el pañuelo naranja. No hubo ni suerte simulada con la banderilla porque el buen toro se fue tras los mansos por la enorme puerta de chiqueros camino de una bien ganada gloria. Mañana estará en Las Tiesas para ser curado y a padrear con las vacas. El victorino pasará a la historia por ser el segundo toro indultado en La Maestranza en 200 años; el último fue un toro de Núñez del Cuvillo lidiado por Manzanares en 2011.

Victorino y Escribano dando la vuelta al ruedo. (Foto: Empresa Pagés).
Victorino y Escribano dando la vuelta al ruedo. (Foto: Empresa Pagés).

Y Victorino a mantener intacta su excelente reputación de ganadero y a coleccionar toros indultados. Este ha sido un gran premio para la familia Martín, pero Belador, sin duda, lo fue más porque fue indultado en 1982 por Ortega Cano en el templo del toreo mundial: Las Ventas. Entre otras cosas porque es el único toro al que se le ha perdonado la vida en la historia de la plaza madrileña. Ahí es nada.

Lo de Victorino Martín es un caso singular en la historia de la ganadería de bravo. Siendo carnicero y moruchero (trataba la compra y venta de ganado de carne y medio bravo) en su localidad serrana de Galapagar, olfateó la venta de una ganadería de procedencia albaserrada-santacoloma-saltillo que la familia Escudero Calvo (oriundos de la vallisoletana Palazuelo de Vedija) se disponía a sacrificar en el matadero. Llegó a un acuerdo y  el zorro de Victorino les pagó por cabeza lo que podían importar para carne y así evitar el sacrificio.

Esta es la procedencia de una ganadería que vale un imperio y que algún ganadero mejicano ha puesto un cheque en blanco por la venta de sementales y vacas. Pero Victorino antes y su hijo después nunca aceptaron y, salvo su sobrino Adolfo Martín cuyo padre fue socio de Victorino, nadie tiene esta procedencia que, a principio de los 60, pudo desaparecer por la vía infame del matadero. La peor solución para una ganadería de bravo.

Terminamos con otra nota positiva en esta tarde de toros con otro soberbio ejemplar que estoqueó el lorquino Ureña cortando dos orejas, por lo que Escribano y el murciano fueron sacados en volandas por la puerta principal. Mientras, el paisano burgalés Morenito de Aranda salió por su pie tras sortear el peor lote; pero Morenito estuvo firme, decidido y valiente.

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