Hacia la igualdad real

De nuevo celebramos el Día Internacional de la Mujer, fecha simbólica de reivindicación y reflexión que debemos mantener viva, pero no solo una vez al año. Si bien hemos conseguido logros importantes a lo largo de la historia, ha sido gracias a la lucha de muchas mujeres que abrieron caminos hacia la igualdad, dejándose la piel para que hoy podamos tener derechos que en otros tiempos eran impensables, por ello conviene hacer referencia a estas mujeres que deberían de haber ocupado el nivel de reconocimiento que les corresponde por su importante aportación a la sociedad y que han sido invisibilizadas e ignoradas por la historia oficial construida por hombres.

Mujeres que han sido borradas de la historia y que destacaron en diferentes ámbitos, desde el científico-tecnológico y filosófico al artístico, mientras que reconocían solo mérito y protagonismo a reinas, monjas y cortesanas.

En la lucha por la igualdad no todo va bien, hay signos claros y evidentes de retroceso, motivo por el cual tenemos que seguir denunciando situaciones de discriminación. Si bien la existencia de Leyes y normas es de vital importancia, lo es también hacerlas cumplir; empezando por el Gobierno, que es el primero en vulnerarlas, valga como ejemplo el reparto de ministerios y cargos, incumpliendo la Ley de Igualdad que establece un equilibrio del 60% 40% entre ambos sexos, criterio generalizado en la mayoría de sectores de la sociedad española.

Es difícil entender que esto ocurra cuando las leyes no permiten la existencia de discriminación, sobre todo, en lo que se refiere a la normativa laboral. La brecha salarial es un factor discriminatorio entre hombres y mujeres que lejos de corregirse se agrava, como así lo demuestran los datos aportados por varios estudios realizados en diferentes ámbitos. Simone de Beauvoir defendió que “el trabajo es la única manera que garantiza a las mujeres una libertad concreta, pues gracias a él las mujeres pueden franquear en gran parte la distancia que las separa de los hombres”.

Pero la manifestación más brutal de discriminación hacia la mujer es la violencia de género. Es uno de los problemas más graves a los que nos enfrentamos, es de tal magnitud que la ONU la considera como una de las mayores violaciones de los derechos humanos. No se puede soportar por más tiempo que sigan asesinando a miles de mujeres en todo el mundo. ¿Cómo es posible que no se pongan más medidas para prevenirla y erradicarla?

Aunque en el mundo occidental hemos conseguido algunos derechos no podemos olvidar que hay mujeres, en muchos países, donde el mero hecho de serlo es un drama. La violencia, a menudo es promovida por el propio Estado que en nombre de la religión y los prejuicios culturales establecen leyes discriminatorias que permiten situaciones de violencia y vejaciones contra las mujeres, como matrimonios forzosos, violaciones, lapidaciones….

Todo esto, ante la impasible mirada de la Comunidad Internacional. De nada sirve celebrar convenciones y firmar acuerdos, si a la hora de cumplirlos, el sistema no se compromete. Pero a pesar de todo, hay que seguir luchando por las miles de mujeres que sufren maltrato y por las que han sido asesinadas a manos de sus parejas; porque siguen existiendo países donde la violencia machista no es considerada delito y porque en muchos lugares las mujeres no son consideradas seres humanos.

La lucha por la igualdad es una tarea de toda la sociedad. Afortunadamente hay muchos hombres comprometidos, incluso algunos de ellos, se han constituido en Asociaciones para luchar también a favor de la igualdad de género. Más allá de discrepancias ideológicas o sentimentales, sería muy injusto deslegitimar estos movimientos porque pienso que, incluso, en las propias discusiones, sus aportaciones son importantes y sería necesario buscar más cauces de colaboración.

Queda mucho por hacer, debemos transformar la igualdad legal en real, y para conseguirlo no basta cambiar las leyes sino la cultura y los obstáculos no visibles que nos impiden avanzar.

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