Javier Casado. Presidente de la Fundación +34 en Valladolid.

Si echamos un vistazo al twitter de Javier Casado (@JavierEyloSport), pronto nos damos cuenta de que estamos ante un hombre polifacético, con un gusto extremo por el “running” que le llevó incluso a correr el pasado mes de noviembre la maratón de Nueva York firmando una buena marca de 3:00:58, y completando otra gesta más en una vida cargada de anécdotas.

Pero Javier es, sobre todo, un hombre comprometido. Este compromiso le condujo, en julio de 2014, a crear la Fundación +34 para ayudar a los presos españoles en cárceles extranjeras, tras el encarcelamiento de un amigo en Australia y después de dos años de mucho sufrimiento y también de un esfuerzo supino.

El duro trabajo en este apenas año y medio le ha llevado, a él y por consiguiente a su Fundación, a firmar el pasado miércoles 3 de febrero, un acuerdo de colaboración con la Junta de Castilla y León, con el apoyo de los cinco grupos políticos de las Cortes para atender a los castellanos y leoneses reos que precisan de ayuda humanitaria lejos de la comunidad y del país. De todo esto y mucho más, nos habla en esta entrevista para Noticiascyl.com.

P: En su web aparecen las siguientes palabras: “Cuando un ser querido es encarcelado en el extranjero, descubres que la soledad y las dificultades tanto sociales como burocráticas, no son solo una posibilidad sino un hecho…”. La Fundación surge tras una experiencia de este tipo, ¿Cómo viven esos dos años de lucha?

R: La primera y más difícil es la lucha a lo desconocido. Cuando te encuentras de repente que tienes un ser querido encarcelado en el extranjero no sabes cómo actuar. De hecho no sabes cómo actuar en España, como para saber lo que hacer fuera. Empieza una lucha de cómo poder ayudar desde la lejanía, desde el desconocimiento y sabiendo que las condiciones, en la gran mayoría de esos países, implican la anulación de cualquier tipo de derecho humano.

P: La Fundación +34 nace en julio de 2014 para compartir precisamente lo que habían aprendido en estos dos años…

R: En esos dos años aprendimos, por desgracia, mucho sobre derecho internacional, convenios de traslados, respecto a qué se puede y qué no se puede mandar, también sobre solidaridad de otros españoles que viven cerca de su ser querido y a partir de ahí, y visto que no era solamente un español, sino que había más de 2500, decidimos hacer +34.

P: ¿Por qué ese nombre? ¿Cómo surge?

R: El nombre nace gracias a una mujer valenciana, con una historia muy difícil, con un embargo y una hija a la que la desesperación le hizo caer en esas redes de narcotráfico por 5000 euros y nosotros la encontramos en una cárcel en Bolivia. Cuando pudimos hablar con ella allí, dónde había 83 españoles más, nos dijo que el poco dinero que recibía en el consulado, le permitía una vez al mes poder marcar +34. En un primer momento no entendimos lo que quería decir, preguntamos y nos explicó que con ese dinero podía llamar a España. Nos dimos cuenta de que esa mujer tenía en común con Pau Gasol, que aunque viviera en el mejor hotel de Chicago y tuviera un contrato de 20 millones de dólares, tenía que marcar el +34 para hablar con su madre, igual que esta señora. De ahí el +34.

P: ¿De qué se encargan? ¿Qué labores llevan a cabo?

R: Lo primero, el asesoramiento a las familias. No el tema legal, porque eso es del Ministerio de Asuntos Exteriores, pero sí el asesoramiento por experiencias previas de condenas, tiempos de espera hasta el traslado… y allí es, sobre todo, ayuda humanitaria. Que no le falte una medicina, comida, lectura y la conexión con su gente porque al final esa soledad es igual de importante que un bocadillo. El no tener contacto con nadie, hace que te hundas.

P: ¿Qué buscan con esas acciones?

R: Solidaridad entre españoles.

P: Actualmente 1521 presos españoles están encarcelados en el extranjero. ¿Se ha visto reducida esta cifra desde que comenzaron su trabajo?

R: Se ha visto reducida. A base de movernos, hemos conseguido que vengan más españoles a cumplir condena a España que es el fin de la Fundación y cada vez es menor el índice de españoles detenidos gracias a que hemos conseguido concienciar socialmente a estas personas.

P: Como todo en la vida, supongo que los inicios no fueron sencillos. ¿Con qué trabas se encontraron? ¿Con qué apoyos institucionales?

R: Trabas, muchas. Muchos consulados que no llegaron a entender nunca nuestra existencia. Muchos países en los cuales, el hecho de que fuéramos a poner la luz respecto a los derechos humanos que incumplían y que siguen incumpliendo, siempre es una piedra en el zapato para ellos.

Apoyos, muchos. Primero el de la prensa que es fundamental para plasmar una realidad y que esa realidad, la gente que está en una situación mala y que quiere jugársela para acabar con eso, quitárselo de la cabeza.

En cuanto a las instituciones, muchas nos han escuchado y otras no. Me llena de orgullo que Castilla y León sea la primera Comunidad Autónoma que firma un acuerdo como el que se ha firmado pero es que además viene respaldado por el apoyo de los cinco grupos políticos de las Cortes, que eso es lo más bonito.

P: Sí porque el pasado miércoles, 3 de febrero, firman un acuerdo con la Junta de Castilla y León, del que habla… ¿En qué consiste? ¿Qué significa para ustedes?

R: Significa que cualquier castellano y leonés que se encuentra en esa situación, no se quede desamparado por parte de, en este caso, su comunidad autónoma. Si le hace falta un médico, que vaya a verlo, si necesita una medicina, que tenga esa medicina. Es esa responsabilidad social que ha plasmado, no solo la Junta, sino los cinco grupos políticos.

P: Es el primer acuerdo de estas características que se firma en España para intentar aunar esfuerzos en la prestación de servicios y asistencia a estas personas. ¿Un premio al trabajo bien hecho?

R: Un premio, sobre todo, a querer darse cuenta de que los derechos humanos no solo hay que defenderlos aquí sino también fuera. Hay gente que se equivoca pero hay otra que lo está pasando muy mal aquí por culpa del dinero. Hace poco salió una noticia de una ciudadana andaluza que está en Medellín con cuatro niños españoles, andaluces, en una situación de desamparo y en una barriada marginal, malviviendo, con mala alimentación… Si en vez de ser de Almuñecar, fuera de Ávila, ahí estaríamos ayudando y pudiendo darle esa manutención y esa ayuda hasta poder traerla a España, que es lo que queremos.

P: Además, su Fundación es la única entidad privada, sin ánimo de lucro, que centra su labor en la ayuda humanitaria y la defensa de los presos españoles en el extranjero. ¿Esta soledad es buena o mala?

R: Lo que demuestra es que cuando intentas defender a algo que se llama España o españoles, siempre parece que la gente se muestra reacia a ello.

P: Trabajan con 20 ciudades, entre ellas Berlín, Londres, París… En estos lugares, los trámites burocráticos y las condiciones no serán tan malas… ¿Cuáles son los principales problemas allí?

R: Lo que se hace en estas ciudades es evitar la soledad. Intentamos llegar a través de prensa, libros, visitas… Por ejemplo, en Berlín, hay casi 30.000 españoles viviendo. Siempre procuramos que una vez al mes, algún español pueda ir a hablar de fútbol o de cualquier tema con los presos. Son cosas cotidianas que para nosotros son normales pero que para alguien que está dentro son igual de necesarias que un plato de comida.

P: ¿Es tan complicado en Europa el tema de los regímenes de visita en Europa como parece? ¿Cómo funciona?

R: En Europa es mucho más complicado que en otros lugares. Hay países donde te obligan a tener un grado de parentesco con la persona que está encarcelada, lo que es un problema porque un voluntario no tiene ningún parentesco. Hay que solicitar muchos registros para conseguir que alguien pueda visitarle.

P: Las condiciones cambiarán radicalmente en otras ciudades con las que colaboráis como Santiago de Chile (Chile), Cali o Medellín (Colombia) o Santa Cruz (Bolivia). ¿Son tan duras las condiciones allí?

En alguna de ellas, el hacinamiento es tremendo. Acaban siendo aparcamientos de personas que están al 300%. Cuando el presupuesto es el que es, no hay comida para uno, como para que haya para cuatro. Es un “sálvese quien pueda”. Cuando eres de otro país, no tienes la posibilidad de que alguien te pueda llevar comida y para eso estamos nosotros.

P: ¿Cuáles son las dificultades con las que tienen que lidiar más a menudo?

R: La burocracia y la incomprensión, tanto allí como aquí. Hay mucha gente que nos pregunta que por qué ayudamos a presos, que se pudran y se mueran nos dicen. Nosotros les contestamos que ayudamos a españoles y que lo que queremos es que vengan a España a cumplir condena.

P: ¿Cuál es la misión más difícil a la que se han enfrentado? ¿Qué recuerdos tiene?

R: Cuando sabes de un español que está falleciendo, intentas llegar, pero en algún caso no hemos podido, eso es lo más duro.

P: ¿Han encontrado con el apoyo de la justicia española para repatriar a estos presos?

Lo que es verdad, es que en España, todas las instituciones se han puesto las pilas respecto a los plazos. Desde que llega un expediente de un país lejano hasta que España vuelve a enviar el expediente para que pueda llegar al país para cumplir condena, los plazos se han acortado de seis meses a uno. Lo que hace que un español tenga que estar cinco meses menos en ese país. El problema es que en esos países, la justicia va a otro ritmo. Hay preventivas que están hasta dos y tres años. Hemos llegado a tener a un español seis años en prisión preventiva sin ser juzgado.

P: ¿Con cuántos voluntarios cuenta la Fundación? ¿Todos han vivido este problema?

R: No. España, a día de hoy, tiene 733.000 españoles, nacidos en España, viviendo en el exterior. Esto hace que muchos españoles, quieran colaborar con nosotros. Nuestro voluntariado está formado por españoles que ayudan a otros españoles.

P: ¿Qué proyectos tienen para el futuro?

R: Nuestro proyecto es, a corto plazo, que en los sitios en los que mayor problemática hay, como en Perú, Brasil, Ecuador o Colombia, buscar, además del voluntariado, esos recursos, tanto médicos como humanitarios

También que, en países como Perú, donde hay más de 300 españoles a los que les queda un año de condena para terminar y se les deja en una situación de semilibertad y no pueden abandonar el país ni trabajar, intentar darles albergues, o arreglar esa situación, para que puedan volver a España con sus familias.

P: En su web aparece escrito: “La intención a largo plazo no es otra que dejar de existir porque eso supondrá que los encarcelados españoles en el extranjero dejarán de sufrir las penalidades a las que están expuestos por el cumplimiento de sus condenas”. ¿Ve posible poner fin a este problema?

Es muy difícil. El mundo del narcotráfico, nosotros lo conocemos por los testimonios de las mulas, no hay que olvidarse de que la mayoría son personas que nunca han pertenecido a redes de narcotráfico sino que son gente que se encuentra trayendo una maleta a cambio de dinero y evidentemente mientras haya necesidades habrá mulas.

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