“No me importaría que una calle llevara su nombre”

Óscar Puente habla sobre su relación con su predecesor en la Alcaldía, Francisco Javier León de la Riva

León de la Riva en su etapa en la Alcaldía.

La salida de Francisco Javier León de la Riva de la Alcaldía de Valladolid fue, cuando menos, conflictiva. Marcada por el proceso judicial que le inhabilitó, el que fuera alcalde de la ciudad durante veinte años perdió estrepitosamente las elecciones, dejándose a finales de mayo cinco concejales y 30.000 votos. No asistió al pleno de toma de posesión de la nueva corporación en el que Óscar Puente fue elegido alcalde. Renegó de su sucesor en el cargo y en una carta abierta disparó una alerta sobre el futuro de la ciudad infundada y desmedida.

Durante meses sus apariciones públicas fueron escasas, tan sólo en algún evento taurino y el palco de Zorrilla. Hasta que llegó el Concurso Nacional de Pinchos y se fundió en un abrazo con Puente. Desde entonces y progresivamente, ha aceptado su nuevo rol al margen de la actividad política y ha suavizado su relación con el actual alcalde hasta el punto de ofrecerse como mediador entre el socialista y sus compañeros del PP en el Ayuntamiento. Puente analiza en esta entrevista su relación con su predecesor.

– En las últimas semanas ha mejorado su relación con León de la Riva, ¿a qué cree que se debe su cambio de actitud?

– Uno no puede pasarse toda la vida en los enfrentamientos, hay que mirar hacia adelante. Mi actitud siempre ha sido la misma, he puesto en valor su figura y he tratado de lograr ese acercamiento. Él ha ido cambiando desde una gran distancia hasta ahora con una posición más distendida. Hay gente que me reprocha que haya dicho que le pondría una calle, incluso alguien me ha mandado una carta para quejarse, pero a mi no me importaría que León de la Riva tuviera una calle. Una persona que ha gobernado veinte años no lo ha hecho todo mal, ha hecho cosas bien y ha cometido errores. Ahora hay que poner en valor esos aciertos y la dedicación que ha tenido con la ciudad, los errores están presentes pero no tienen por qué descalificar el conjunto de una trayectoria. Él poco a poco se ha dado cuenta que lo razonable es mantener una relación cordial que, por otra parte, es la que casi siempre tuvimos a nivel personal.

– Contrasta esa buena predisposición con la mala relación con el grupo municipal del PP.

– La relación con el grupo popular es mala desde el primer día, desde el discurso en la toma de posesión de Martínez Bermejo que cómo sería que tuvo que pedir disculpas a los dos días. Hizo un discurso a cara de perro y así ha sido desde el primer día. Todo es porque parten de un error de diagnóstico muy claro que es que creen que soy un usurpador, que ocupo el lugar que a ellos les correspondería y están dispuestos a lo que sea para sacarnos de aquí. Por ahí van mal, se están equivocando y es la percepción que hay en la ciudad y en sus propios compañeros de partido, que no entienden los temas en los que hacen oposición o el tono que han elegido.

– ¿Esa mala relación va a seguir bloqueando la negociación de la reforma del Reglamento?

– Puede que la retomen otros grupos, pero el socialista no mientras ellos sigan teniendo esa actitud. Acabo de recibir un acta notarial de Jesús Enríquez por un tema del caso Samaniego, cuando no tenía más que cruzar el pasillo y venir al despacho si quería hablar conmigo, o mandar un escrito. Es algo inaudito.

– ¿Le ha molestado que los sueldos políticos se convirtieran en el centro del debate?

– El problema es la decisión del grupo popular de bajarle el sueldo a una única persona en el Ayuntamiento, que fue la propuesta que presentaron en el pleno y que la sacaron adelante en un escenario de confusión en la votación. Eso es lo que me parece infantil. Y después tratar de venderlo como que es una medida legal. Para mi es un tema que ya está amortizado, me han bajado el sueldo 600 euros al mes, cobraba netos 4.200 euros y ahora cobro 3.600 euros. No pasa nada, no me molesta el tema económico, sino lo que ha tenido de intento de sometimiento y humillación a la figura del Alcalde. Los sueldos se tienen que ajustar siguiendo unos criterios y afectando a todos, porque sino, se produce la situación de que haya concejales cobrando más que el alcalde, como ocurre ahora, y eso parece que no tiene mucho sentido.

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