Miles de gargantas gritaron anoche Genaro, Genaro, Genaro

La procesión irreverente de Genarín colapsó a partir de la media noche el casco histórico de la ciudad

Genarín, en su farola y con la botella de orujo/MC

Pasada la medianoche se puso en marcha la procesión de Genarín. Esta vez desde la Plaza del Conde. Cientos se personas se fueron congregando en el lugar con la incógnita de dónde estarían preparadas las imágenes de Genaro, la Muerte, la Prostituta, Pérez Herrero, el poeta y los otros cabezudos. Hubo que esperar a que la cofradía, que cenó en un restaurante de la Plaza de San Martín, en pleno corazón del Húmedo, llegará a la plaza del Conde Luna para desvelar el secreto: Genaro y el resto de los pasos laicos aguardaban en el interior de un camión frigorífico a que comenzara el desfile.

Los figuras fueron montadas con rapidez, a la vez que miles de gargantas coreaban ya Genaro, Genaro, Genaro. Y la procesión laica se puso en marcha, camino de la Plaza de Don Gutierre. La figura más vitoreada la de Genarín, agarrado a una farola y con una botella de orujo en la otra mano. Delante de él, la Muerte con su guadaña, recordando la efemérides mortal de Genaro, atropellado por el primer camión de la basura de León junto a la muralla romana cuando hacía sus necesidades.

Con antorchas y música de charanga, el desfile avanzaba lentamente rodeado por numerosas personas. Muchos grupos ya llevaban horas haciendo botellón en la propia plaza del Conde Luna o en la de Don Gutierre. La Plaza de San Martín era un auténtico hervidero, que dificultó el discurrir de los pasos irreverentes.

Y de allí hacia la muralla, pasando por delante de la Catedral, como un desafío a la ortodoxia católica de la Semana Santa. Precisamente delante de la Catedral, en el Obispado, esperaba el titular de la Diócesis a que pasara la comparsa del Genarín para recibir a la Ronda, cuyos componentes anunciaban la procesión de Los Pasos a primeras horas de la mañana de este Viernes Santo.

En la muralla estaba previsto celebrar el rito de escalar varios metros para depositar, en recuerdo a Genarín, la botella de orujo, la naranja y el trozo de pan, alimentos básicos en vida de Genaro.

Luego, los miles de concelebrantes de la procesión laica se dispersarían por toda la ciudad, especialmente en la zona de Eras de Renueva, las orillas del río y las plazas del casco histórico, para consumir orujo y hacer un gran botellón, en homenaje al ilustre pellejero.

A la hora de cerrar esta edición no se conocían incidentes de ningún tipo.

 

 

 

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