Del plomo al quiosco global de san Google y san Facebook

Artículo del director de Noticias Castilla y León

A principios de los 80, cuando nos iniciamos en el viaje apasionante del periodismo, muchos periódicos se componían todavía mediante tipos de imprenta. Letras de plomo que se disponían una a una sobre cajas de madera para ir dando forma a titulares, entradillas y cuerpos de las noticias.

Era una técnica lenta, minuciosa y poco flexible, sobre todo si en los últimos momentos del proceso, a punto ya de pasar a la fase de impresión, el teletipo escupía una noticia importante de última hora que obligaba a modificar alguna página ya compuesta. Se optaba entonces por el mal menor. Si el cajista estaba componiendo en último lugar una página de la sección de internacional, la noticia, aunque fuera de ámbito local, se encajaba en un hueco de dicha página, o a la inversa.

De manera que si la noche era pródiga en acontecimientos informativos repentinos, el periódico amanecía al día siguiente con apariencia de batiburrillo, con las noticias entremezcladas en algunas páginas “como garbanzos y chochos” en expresión de Guzmán de Alfarache.

Hacia mediados de los 80 llegaron a las redacciones de los periódicos de provincia los primeros ordenadores. Torpes artilugios si los comparamos con los que tenemos hoy, pero que dieron un gran impulso al proceso de impresión. Las letras de plomo quedaron arrumbadas en los cajones como reliquias de antaño y en los talleres se impuso el método de impresión offset.

Las páginas seguían componiéndose a mano, mediante un sistema de composición en frío denominado fotocomposición, que fue otro avance frente al sistema de composición anterior, en caliente, denominado linotipia.

Una vez redactadas las noticias y maquetadas convenientemente, se imprimían en una filmadora. Allí, el personal de taller recortaba cada noticia y cada titular y los iba pegando sobre un soporte con las medidas de la página del periódico. Si alguien se propasaba en el texto, la noticia se cortaba por abajo ‘a tijera’. Una vez completada la página, se obtenía el fotolito de la misma en película fotográfica.

 A continuación, mediante un proceso químico, los fotolitos se revelaban sobre planchas de aluminio, las cuales se colocaban luego en los cilindros de la rotativa. Los pliegos de papel pasaban por los rodillos y en cuestión de pocos minutos el periódico quedaba impreso como por arte de magia. Inicialmente fue una impresión en blanco y negro, pero al cabo de los años se generalizó el color, que es lo que tenemos hoy.

Halo más romántico

Además de la técnica, el periodismo de antaño poseía otras connotaciones. Se trabajaba más despacio, eso sí, siempre sujeto a la disciplina y horarios del proceso de impresión, y se vivía más de noche e incluso de madrugada. La profesión periodística estaba revestida acaso de un halo más romántico que en nuestros días.

Las tecnologías de la información, con su irrupción vertiginosa en nuestras vidas, han sido un viento que ha dado al traste con aquel mundo de idealistas, entusiastas, y orgullosos caballeros del sur del viejo periodismo.

El periodismo en nuestros días se ha convertido en una actividad mucho más nerviosa, casi frenética, espoleada por las posibilidades de inmediatez y universalidad que ofrecen las plataformas digitales. Los periódicos en papel subsisten hoy a duras penas, eso sí, amparados por rodrigones económicos diversos, tratando de luchar como quijotes contra ese quiosco global que es Internet, que pastorean con mano de hierro entidades como san Google o san Facebook, quienes han encontrado en este dilatado mundo virtual la gran y ubérrima gallina de los huevos de oro.

Democratizado los flujos de la información

No se trata aquí de exponer nuestro punto de vista sobre el periodismo digital, un fenómeno de nuestro tiempo que parece inevitable, como se ve ya, aunque plagado de grandes incertidumbres, no solo económicas, igual que las cabeceras en papel, también en cuanto a la naturaleza de la propia actividad periodística.

Internet ha democratizado los flujos de la información y ha puesto a disposición de cualquiera la capacidad, antes inalcanzable, de convertirse en emisor y llegar a públicos masivos. Hay muchos ejemplos, como el de ese chaval de Málaga conocido como El Rubius, que encandila a los adolescentes desde su canal de Youtube.

El Rubius demuestra un gran talento para la comunicación audiovisual, como prueba el hecho de que sus vídeos caseros sean visualizados por millones de jóvenes en todo el mundo, con audiencias estratosféricas que para sí querrían muchos medios de comunicación ‘de masas’. Y uno sabe de El Rubius precisamente por los hijos adolescentes, que lo veneran como a un Ronaldo o un Messi del Internet, ay.

Claro que el problema de Internet en materia informativa está mayormente en la calidad. Lo que hace muy bien El Rubius es entretener. El entretenimiento copa la mayor parte del tráfico del universo digital. La gente sube fotos y vídeos a Youtube y a Facebook y aprovecha para ver los que han subido otros. Y en esta labor los sujetos digitales pasan horas y horas de cada uno de sus días.

Luego está el Internet como colmado o ropavejería global, lo comercial, que es, sin duda, el fin último de este universo digital tan atractivo como plagado de peligros.

En esta marabunta de informaciones, muchas de ellas irrelevantes, interesadas o directamente falsas, el periodismo profesional está llamado a desempeñar su papel fundamental en cualquier sociedad democrática. Porque cambia el soporte, pero no la naturaleza ni la función. Las personas necesitan la información igual que respirar, conocer lo que sucede en su entorno y en el mundo.

Por eso, siempre serán necesarios espacios que ofrezcan la información de manera seria y rigurosa, con el bien común y el interés social como banderas primordiales, al margen de creencias o ideologías políticas, etc. Confianza, seguridad, he aquí lo que precisa el lector cuando se adentra en la selva de Internet en busca del bien colectivo que es la información.

Cantidad, pero también calidad

Con ese ánimo de seriedad y rigor nació en su día Noticias Castilla y León (www.noticiascyl.com), y con este mismo ánimo da un nuevo impulso hoy, ocho años después. Nueva web, más vistosa y funcional, y adaptada a los nuevos requerimientos tecnológicos que exige el universo digital. Pero sin que el soporte o la imagen vistosa nos lleve a perder de vista en ningún momento las señas de identidad del verdadero periodismo: independencias, rigor, objetividad, pluralidad, bien común…

En estos años iniciales de lo digital la cantidad ha primado el quehacer de muchos supuestos editores y periodistas, quienes en aras de ella han estado dispuestos incluso a falsear sus cifras de tráfico mediante los cientos de artimañas de diversa índole que permite la tecnología.

Pero la cantidad no vale de nada si paralelamente no va unida a la calidad. Calidad del contenido y calidad del público constituyen el norte que parece a imponerse ya tras el barullo preliminar de la revolución digital.

Periodismo cercano y de calidad para las personas que viven o tienen relación con esta comunidad autónoma que es Castilla y León o con alguna de sus nueve provincias. Este ha sido siempre el horizonte de Noticias Castilla y León.

Nueve provincias a las que nosotros añadimos desde hace dos años en nuestro quehacer diario una décima: esas dos regiões irmãs de Portugal que son la Beira Norte y Trás-os Montes, tan desconocidas para tantos castellanos y leoneses a pesar de la proximidad, para las que creamos el espacio específico Jornal da Raia.

Confiamos en que este nuevo impulso y esta nueva estética sea del agrado de nuestros lectores, a los que agradecemos muy sinceramente el apoyo diario que nos prestan.

CarlosVelasco director Noticiascyl

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